Hay muchas cosas a las que la mayor parte de la gente no les da importancia y la tienen. Ya hemos comentado en este blog muchas veces lo vital que es no dejar para el final el texto del asunto o las primeras líneas de un correo (mira los posts relacionados al final).
Uno de estos "detalles nimios" que muchos pasan por alto es el remitente de los correos electrónicos. Es increible la importancia que tiene a la hora de que los destinatarios abran o no un correo.
Por ejemplo, fíjate en el aspecto de la bandeja de entrada de mi cuenta de GMail el otro día, en concreto en los dos correos que tengo recuadrados en rojo:
Del primero de ellos, al verlo, lo único que sé es que lo remite una cuenta genérica de información y que me habla del día de San valentín. Ambas son cosas en las que no tengo el menor interés. Dejando aparte que la temática hace que ya piense que es spam, el hecho de no identificar al remitente de modo satisfactorio -con al menos el nombre de una empresa o algo- hace que este tipo de correos tengan muy pocas probabilidades de ser abiertos.
Si se hubieran identificado de algún modo, incluso aunque sólo se viese la dirección de correo con el dominio, ya tendrían mucho más éxito al menos entre los que los conocen.
En este caso el correo fué víctima del "botón de Spam" sin dudarlo un segundo. Ya sabes cómo afecta esto a la reputación de un remitente. La vida es dura...
Fíjate sin embargo en el resto de los remitentes: se identifican perfectamente. Y es lo primero que ves. Luego, dependiendo de si además el asunto te interesa, acabarás abriendo el correo o no, pero al menos no pulsarás en "Esto es Spam" si el remitente es conocido ¿verdad?
En fin, nunca está de más recordar estas pequeñas cosas porque como dijo Flaubert, "Le bon Dieu est dans le détail" (que ha devenido en "el diablo está en el detalle" en castellano e inglés, lo que son las cosas...).
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